jueves, 4 de mayo de 2023

Requiem de Pietro Yon.

Cecilianismo fue un término acuñado en Alemania durante la segunda mitad del siglo XIX, se  origina  por  los  ideales  de  Kaspar  Ett  (1788 –1847) : restaurar la música de iglesia designando como “la única, verdadera y genuina” aquella que esta siempre supeditada a la liturgia y cuya inteligibilidad de sus textos y melodías es más importante que las muestras virtuosísticas. Centrado principalmente en el estudio de la polifonía romana del siglo XVI, influenció a otros músicos como Karl Proske (1794-1861) y Franz Xaver Witt (1834 –1888). 

Proske se trasladó a la ciudad de Ratisbona en 1823; para 1826 se ordenaría sacerdote, lo que lo pondría en contacto con el obispo de esa ciudad: Michael Sailer, quien presentó a Proske ante el rey Luis I de Baviera, entusiasta promotor de las artes, dando así lugar a un mecenazgo que le permitiría realizar una serie de viajes a Italia a fin de recoger obras musicales antiguas, que dieron como resultado la inmensa Biblioteca Proske, que conserva cerca de 30.000 obras de los siglos XV al XVIII.

Witt funda en 1868 la Sociedad de Santa Cecilia en la ciudad de Barberg, que obtuvo de Pío IX la aprovación pontificia con el breve Multum  ad  commovendos animos, el 16 de diciembre de 1870. Witt difundió en algunas publicaciones las metas de la Sociedad, entre las que la más destacable es el interés en la técnica contrapuntística de Palestrina. Se  alejan así,  deliberadamente  de la expresión musical-teatral, las interpretaciones romanticistas, las modulaciones extrañas, y los cromatismos propios de la música de su época, heredera de los románticos alemanes. 

El Cecilianismo se esparció por el mundo católico durante el  segundo tercio del siglo XIX, influyendo la fundaciones de organizaciones similares en otras naciones. En 1870, la Sociedad publica el primer catálogo de música aprobada para el servicio litúrgico, y en cuya lista aparecía en primer lugar el Canto Gregoriano, seguido de la polifonía a capella, música para órgano e himnos comunitarios. El movimiento Cecilianista llegó al continente Americano de dos formas: a través de Estados Unidos gracias a los numerosos emigrantes alemanes, que para mediados del siglo XIX constituían grupos compactos y organizados, en los que brillaron compositores como Johannes Baptista Singenberger, que en 1873 fundó la Sociedad Americana de Santa Cecilia; y a través de México, en particular de la editorial Pustet, en honor a Friedrich Pustet (1798 –1892) quien en 1889 publicó en español, por petición del señor Obispo de Querétaro, las ediciones de libros religiosos, música y teoría de la Sociedad Cecilianista

A los dos lados del Atlántico.

Pietro Alessandro Yon, organista y compositor, nació en el Piamonte italiano en 1886. Inició sus estudios musicales a muy temprana edad, en los conservatorios de las ciudades de Milán, Turín y posteriormente en la Academia de Santa Cecilia en Roma, donde se graduó con honores. De 1905 a 1907 fue organista asistente de la basílica de San Pedro, en Roma. En 1907, a petición del sacerdote Johnn B. Young, viajó a la ciudad de Nueva York, y se estableció como organista y director del coro de la iglesia de San Francisco Xavier en Manhattan. De 1919 a 1921 lo encontramos de nuevo en Roma como organista sustituto de la Capella Giulia (el coro de la Basílica de San Pedro) donde el propio Benedicto XV le nombra organista titular en 1920.

En 1927 es elegido organista titular de la Catedral de San Patricio de Nueva York, y en 1928 director de música, puestos que mantuvo hasta su muerte, en 1943.

Al igual que en el motu proprio de Pio X del 1903, en Pietro Yon confluyeron de manera armoniosa el Cecilianismo y los ideales del Nuevo Movimiento Litúrgico, con origen en la reforma gregoriana de Solesmes. 

La revista de los jesuitas de Estados Unidos, America Magazine, escribía al respecto: 

El señor Yon obtuvo la mayor parte de su formación musical desde la aparición del Motu proprio, y ha asimilado su esencia. Vino a este país hace pocos años a ocupar el puesto de organista en la iglesia de San Francisco Xavier, en Nueva York, una iglesia donde los melómanos, tanto católicos como no católicos, han aprendido a identificar la mayor de las noblezas en la música religiosa [...] proveyendo un esquema musical para la liturgia que será tanto moderno como correcto, y al mismo tiempo, interesante en su contenido musical. (Vol. 8, N. 1, Octubre, 1912)

Su larga lista de composiciones incluye The Triumph of St Patrick (oratorio), 21  misas,  varios motetes,  el Concerto  gregoriano para  órgano y orquesta, música de cámara, numerosas piezas para órgano, piezas para piano y canciones. Sus obras más conocidas son el villancico navideño Gesù bambino (1917) y la pieza para órgano Natale in Sicilia (1912).

El Requiem

La Missa & Absolutio Pro Defunctis (1917) de Pietro Yon, sigue un esquema típicamente cecilianista. Polifonía con acompañamiento de órgano, en alternatim con canto gregoriano acompañado, y con breves secciones a capella (a veces con sabor a fabordón renacentista), e incluso recitaciones en recto tono con acompañamiento obligado de órgano. 

Con una plantilla mínima de tres voces iguales (dos tenores y bajo) Yon explota las posibilidades compositivas, siempre enmarcado dentro del ideal de la supremacía del texto y del espíritu de cada momento litúrgico. 

Es especialmente notable el responsorio para la absolución del catafalco Liberame Domine, compuesto quizá deliberadamente en el mismo espíritu de la versión de Gabriel Fauré (1887). Es un movimiento agitado, podríamos decir furioso, con un breve solo de bajo, y secciones homofónicas a capella que recuerdan mucho el estilo romano, tan presente en compositores como Lorenzo Perosi (1872-1956). 

El programa de la música exequial es como sigue :

Resp. Subvenite, polifonía a capella.
Introitus - Kyrie, polifonía acompañada, a capella, y gregoriano.
Graduale-Tractus, recto tono.
Sequentia, gregoriano, recto tono, polifonía a capella y acompañada.
Offertorium, tenor solista, polifonía y recto tono con órgano solista.
Sanctus, polifonía acompañada y a capella y gregoriano.
Benedictus, bajo solista y polifonía.
Agnus Dei, bajo solista, tenor solista y polifonía a capella y acompañada.
Communio, polifonía a capella y acompañada y gregoriano.
Resp. Libera me, polifonía, bajo solo.
Ant. Ego sum - Benedictus, gregoriano y polifonía a capella. 
Ant. In Paradisum, polifonía a capella.

Buena escucha.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Música sacra y cultura juvenil: tres razones por las que están equivocados.

 Aurelio Porifiri,

 del Blog de Aldo María Valli

En la Iglesia, algunos pensaban que se llegaría a los jóvenes haciendo uso de su cultura musical, generalmente compuesta por música pop, rock, rap, etc. Me gustaría señalar tres razones por las que esta apuesta se basa en premisas completamente erróneas.

1. La Iglesia no forma al joven como tal, sino que debe formarlo para llevarlo a la madurez católica. Bien decía Romano Amerio: «Concluyendo este análisis de la nueva actitud del mundo y de la Iglesia hacia la juventud, notaremos que también aquí se ha producido una alteración semántica y que los términos paterno y paternalista se han convertido en términos de desprecio, como si la educación del padre, como padre, no fuera un excelente ejercicio de sabiduría y de amor, y como si no fuera paternal toda la pedagogía con que Dios educó a los hombres en el camino de la salvación. Pero, ¿quién no ve que en un sistema en el que el valor descansa en la autenticidad y el rechazo de toda imitación, el primer rechazo es el rechazo de la dependencia paterna? La verdad es, más allá de los hipocorismos de clérigos y laicos, que la juventud es un estado de virtualidad e imperfección que no puede ser poseído como estado ideal, ni tomado como modelo. Además, la juventud es válida como futuro y esperanza del futuro, de tal modo que que cuando el futuro se cumple, ésta se pierde. La fábula de Hebe se convierte en la fábula de Psique. En efecto, si se diviniza la juventud, se la arroja al pesimismo, porque la hace querer perpetuarse, mientras que esto no es posible. La juventud es un proyecto de no-juventud y la edad madura no debe modelarse sobre ella, sino sobre la sabiduría madura. Después de todo, ninguna época de la vida tiene como modelo a seguir una época de la vida, ni la propia ni la de los demás. En efecto, el modelo de cada uno está dado por la esencia deontológica del hombre, que ha de ser buscada y vivida, idéntica, en cada edad de la vida. También aquí el espíritu de vértigo hace que el dependiente se vuelva hacia la independencia y el insuficiente hacia la autosuficiencia». La formación del católico se realiza en vista de su plena madurez, para no estar condenado a permanecer en una edad de preparación. No les cuento la tristeza de ver a cuarentones o cincuentones buscando la Misa de Jóvenes que cantaron décadas antes.

2. Algunos dicen: ¿pero en el Renacimiento no se usaban temas profanos para la música sacra? ¿Por qué no podemos hacerlo ahora? Respondo: porque la música profana del Renacimiento se derivaba de la música sacra y se parecía mucho a ella, especialmente en el lenguaje utilizado. Así que usar una canción popular en el Renacimiento no era particularmente molesto. Pero utilizar música moderna de consumo hoy significa que se inserta en la iglesia una modalidad estética que no es compatible con la liturgia.

3. La música no es neutral. Se piensa que poner un texto litúrgico debajo de cualquier música lo hace utilizable en la iglesia, pero esto es un grave error. Poner un texto en latín sobre la música hard rock o punk no puede en sí mismo convertir estos estilos en litúrgicos. La música agrega mucho a las letras, y esta es la razón por la que se cantan y no solo se recitan. Sin embargo, incluso los liturgistas distinguidos aún no comprenden este hecho tan elemental.

lunes, 25 de julio de 2022

Ecos de la Segunda Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad, España, 2022

Ha terminado la segunda peregrinación española Nuestra Señora de la Cristiandad, que inició en la Catedral de Oviedo trazando aproximadamente 95 kilómetros hasta el santuario de Nuestra Señora de Covadonga, a los pies de los Picos de Europa, en Asturias, y que este año reunió más de mil participantes. 

Desde principios de año numerosos portales se hicieron eco de la peregrinación. Presentamos aquí una lista (no exhaustiva) de las principales publicaciones en internet. 


8 de Agosto

Anotaciones de Javier Barraycoa, IIª Peregrinación de Nª Sª de la Cristiandad (Galería de fotos)

2 de Agosto

Beatriz Jiménez Castellanos (Centinela), Una peregrinación por el Papa, por la Iglesia y por España (II)

31 de Julio

Riposte CatholiqueSuccès pour le 2è Pèlerinage de Nuestra Senora de la Cristiandad à Covadonga

30 de Julio

La Sacristía de la Vendée, Peregrinación N. S. de la Cristiandad II

29 de Julio

José María Carrera (Religión en libertad), 6 claves para entender el vigor de la peregrinación de Nª Sª de la Cristiandad a Covadonga

28 de Julio

El FielatoFOTOS II Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad a Covadonga

27 de Julio

La Nueva España (Asturias)Una multitudinaria peregrinación a Covadonga celebra misas tridentinas

InfocatólicaEmotivo video de la IIª Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad por el Arzobispado de Oviedo

26 de Julio

Michel Janva (Le Salon Beige), 2e édition du pèlerinage Notre-Dame de Chrétienté espagnol

Jean-Marie Vaas (Riposte Catholique), Covadonga: messe de clôture du pèlerinage

Religión en Libertad, Cristiandad : llegada a Covadonga

Agencia Católica de NoticiasDuplica participantes peregrinación católica juvenil a Covadonga con el colofón de la Misa tradicional

Tradición VivaChristus Vincit Christus Regnat Christus Imperat. Carlistas en Covadonga

P. Javier Olivera Ravasi (Infocatólica), España y una nueva hazaña: 2da peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad

Javier Navascués (Infocatólica), La peregrinación a Covadonga duplica participantes con el colofón de la Misa solemne en la Basílica

Javier Navascués (El Correo de España), Éxito de la peregrinación a Covadonga, cuna de la reconquista

El Comercio (Asturias)Nuestra Señora de la Cristiandad peregrina hasta Covadonga

25 de Julio

José Simal (El ComercioCientos de personas participan en la Peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad

P. Jorge Fernández Sangrador (jsf blog), Como una patena

24 de Julio

La Nueva España (Asturias), Multitudinaria Peregrinación a Covadonga

Javier Navascués (Infocatólica), Mons. Juan Miguel Ferrer llama a los peregrinos a Covadonga a buscar con seriedad la vida interior

Javier Navascués (El Correo de España), Asturias disfruta al paso de los peregrinos a Covadonga

Jean-Marie Vaas (Riposte CatholiqueEspagne: pèlerinage dans les Asturies d’Oviedo à Covadonga

23 de julio 

Infovaticana, Arranca la segunda Edición de la Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad a Covadonga

Javier Navascués (Infocatólica), Mons. Sanz bendice a los peregrinos a Covadonga agradeciendo su amor a la Iglesia y al Papa

Javier Navascués (El Correo de España), Mons. Sanz bendice a los peregrinos a Covadonga agradeciendo su amor a la Iglesia y al Papa.

El Padre Jorge Fernández Sangrador, Canónigo de la S. I. Catedral Metropolitana de Oviedo, en su blog personal (jfs blog), narra un episodio de acoso a los peregrinos por parte de un grupo de malvivientes que salieron "de las entrañas tenebrosas de un bar" la mañana del 23 de Julio.  Portae inferi 

17 de Julio

Angelica La Rosa (Informazione Cattolica), Diana Catalán: «il desiderio di vivere la liturgia tradizionale non è solo dei gruppi nostalgici», Seconda edizione del pellegrinaggio tradizionale Oviedo-Covadonga.

11 de Julio

Javier Navascués (Infocatólica), Diana Catalán: “Covadonga dio frutos y el Señor puede hacer milagros en las almas de los peregrinos”

28 de Junio

Jarlison Vera (Agencia Católica de Prensa), Segunda edición de la peregrinación a Covadonga Nuestra Señora de la Cristiandad

27 de Junio

Agencia Católica de NoticiasSegunda Peregrinación Penitencial a Covadonga de ‘Nuestra Señora de la Cristiandad’

16 de Junio

Riposte Catholique2è Pèlerinage de Nuestra Señora de la Cristiandad – España du 23 au 25 juillet

30 de Abril

Riposte Catholique2è Pèlerinage de Nuestra Señora de la Cristiandad (Espagne)

5 de Abril

Messa in LatinoAlla scoperta dei membri del Coetus internationalis Summorum Pontificum (CISP) #1 Nuestra Señora de la Cristiandad - España #sumpont2022

miércoles, 20 de julio de 2022

Bugnini, Roche, Grillo, y el uso excesivo de la inculturación

Peter Kwasnieski para The New Liturgical Movement

El término “inculturación” es sin duda una de las palabras de moda favoritas de los progresistas. Lo hemos oído mencionar durante décadas. Era la razón original para actualizar o modernizar la liturgia: los antiguos ritos litúrgicos (como se les llama) están excesivamente anquilosados y recuerdan épocas pasadas, y la gente moderna claramente necesita un conjunto de ritos reconociblemente modernos, elegantes, directos, evidentes, sencillos, comprensibles, orientados a la acción, etc. El hecho de que no pidan tales ritos es sólo un signo de su habitual modestia y pasividad, pero los eruditos fueron capaces de adivinar las intenciones ocultas que un laicado agradecido reconoció posteriormente y acogió como si esto hubiera salido de sus propios pechos. También se afirmó (aunque la impresión de estratagema era un poco demasiado fuerte para ignorarla) que estas cualidades modernas eran notablemente las mismas que los primeros cristianos apreciaban en sus ritos, sobre los cuales casi no hay registros pero que las reconstrucciones académicas alemanas lograron presentar con la mayor verosimilitud.

Durante un tiempo, esas fantasías futuristas pasaron a un segundo plano cuando la Iglesia de Benedicto XVI se inclinó para recuperar un mínimo de dignidad en los nuevos ritos y comenzó a restaurar los antiguos, al principio solo aquí y allá, y con el tiempo en casi todas partes. El latido del tambor de la inculturación se apagó por un tiempo, y uno podría haber pensado que se había extinguido. Pero, como una rara especie de rana venenosa avistada en la parte más remota de una selva tropical, ha regresado con fuerza en la forma del futuro cardenal Arthur Roche, un defensor muy poco probable de la flexibilidad y el exotismo.

En una entrevista con la revista católica española Omnes, dijo lo siguiente:

A este respecto, he dicho muchas veces a los obispos que llevamos cincuenta años preparando la traducción de los textos litúrgicos; y ahora debemos pasar a la segunda fase, que ya está prevista por la Sacrosanctum Concilium, y es la inculturación o adaptación de la liturgia a otras culturas diferentes, manteniendo la unidad. Creo que deberíamos empezar este trabajo ahora. Pero me gustaría señalar que hoy en día solo hay un “uso” litúrgico [otro Novus Ordo], no un “rito”, y ese es en Zaire, en África.
Es importante entender qué significa que Jesús haya compartido nuestra naturaleza, y en un momento histórico. Tenemos que considerar la importancia de la Encarnación y, si podemos decirlo, de la acción de la gracia encarnándose en otras culturas, con diversas expresiones completamente diferentes a lo que hemos visto y apreciado en Europa durante tantos años.

¿Nos sorprende, entonces, escuchar un lenguaje similar, aunque menos diplomático y más agresivo, en el autodenominado zar de los reformistas, Andrea Grillo? En una reflexión que publicó para el primer aniversario de Traditionis Custodes, Grillo escribe (citado por Luke Coppen de The Pillar):

Se trata de liberar las verdaderas energías del lenguaje ritual (verbal y no verbal) como culmen et fons [cumbre y fuente] de toda la acción de la Iglesia. Hoy esto ocurre ya no principalmente en latín y en un rito sacerdotal y no asambleario, sino en muchas lenguas cuyas culturas han entrado, desde hace 60 años, en el patrimonio común de la gran tradición eclesial. Una Iglesia que quiere "guardar la tradición" no debe temer a las diferentes culturas con las que hoy podemos experimentar la fe y expresar nuestro credo. Esta "mesa comunitaria" podrá permitir evaluar los límites de lo que se ha hecho hasta ahora y avanzar con valentía en el nivel de los lenguajes verbales y no verbales. Se puede convertir en una gran obra en construcción: teniendo cuidado de caminar hacia adelante, no hacia atrás.

Cuando leo tales cosas, mi mente se remonta unos años atrás a una intrigante conversación que una vez tuve con un sacerdote mayor que había realizado sus estudios litúrgicos en Sant'Anselmo en Roma en la década de 1970. Tuvo la rara oportunidad de salir a almorzar un día con Annibale Bugnini poco antes de la caída en desgracia de este último. Mi amigo me dijo que Bugnini, narrador habitual en la mesa, finalmente se acercó al tema de la reforma litúrgica.

El cerebro del consilium le dijo esencialmente esto:

Lo que necesitas ver es que la nueva liturgia implica tres etapas. Primero, tuvimos que eliminar la vieja forma de hacer las cosas. Este fue principalmente el trabajo de la década de 1960, y dentro de treinta años, todos habrán olvidado lo que había antes. En segundo lugar teníamos que crear algo nuevo por el momento: esto es lo que la gente llama el 'Novus Ordo'. Pero también esto debe desaparecer, dando paso a... la inculturación total: toda liturgia debe ser hecha por la comunidad, para sus propias necesidades inmediatas. ¡No hay libros litúrgicos, como en la iglesia antigua! Incluso mi Misa desaparecerá, para el año 2000.

Los lectores familiarizados con la literatura posconciliar inmediata reconocerán, en esta visión, el punto de vista expresado con elocuencia por Joseph Gelineau sj: que la liturgia es un “taller permanente” (la “gran obra en construcción” de Grillo). Sin dejarse engañar por el canto de sirena de la inculturación, Dom Hugh Somerville Knapman señala el resultado inevitable:

El elemento progresista entre los liturgistas reformadores vio el misal de 1969 solo como una etapa, significativa, claro está, en el nuevo proyecto de reconstituir la liturgia como algo que se adapta continuamente a la época en que se celebra. Como hemos visto, el resultado es que la liturgia generalmente degenera en un reflejo de la época en lugar de hablarle y santificarla. O más concretamente, las deformaciones radicales de la liturgia no reflejan el rostro de Cristo sino el rostro de la persona dominante o de la camarilla que las impone, y así se convierten en vehículos no de adoración sino de narcisismo, el culto de sí mismo que es el de facto credo de la sociedad occidental posmoderna…. Somos desarraigados y, por lo tanto, despiadados, reemplazando el autosacrificio con el autoservicio, con el yo como el único absoluto moral, su ineludible subjetividad e impermanencia negando el absolutismo que exige para sí mismo. Su absoluto secundario, la novedad, sufre el mismo defecto inherente.

Aquí podemos ver que Bugnini no fue un profeta. Para el año 2000, el Novus Ordo todavía avanzaba pesadamente en sus miles de lenguas vernáculas, sujeto a abusos generalizados y débiles intentos de personalización de la comunidad que nunca ascendieron a mucho más que las ideas vagas y a menudo tontas de un presidente o un comité sobre lo que una celebración "para". nosotros” debería verse. En resumen, uno podría llamarlo mediocridad creativa o creatividad mediocre, pero estaba muy lejos del pronóstico de la hora del almuerzo.

En el entretenido juego de Roger Buck The Gentle Traditionalist Returns, hay un punto en la conversación imaginaria donde una persona completamente moderna objeta que GT (es decir, el Gentle Traditionalist) no es más que un medievalista, un escapista, un nostálgico. En respuesta, GT explica por qué ama la tradición en su totalidad, de cada etapa, cada lugar, cada época, cada cultura por la que ha pasado la religión católica, sin limitarse a la época medieval pero tampoco dispuesto a limitarse a la modernidad, particularmente porque parece operar bajo una mentalidad extrañamente reaccionaria que lo atrapa en una pequeña casilla marcada como "Ahora":

Bueno, la era medieval es una etapa importante en la tradición católica. Pero es solo una etapa. La tradición católica cubre 3000 años, ¡no solo la cultura mediática moderna! Comienza con el Antiguo Testamento, se enriquece infinitamente con el Evangelio, toma el pensamiento griego con la era patrística, se desarrolla a través de la llamada “Edad Oscura”. Luego viene la época medieval. Finalmente, la tradición también se desarrolla significativamente en los tiempos modernos. Ese, querido amigo, es el punto central de la Tradición: respetar tres mil años de Revelación Divina y el esfuerzo humano dedicado a comprometer esa Revelación. Tres mil años de oración, pensamiento, estudio, sacrificio, en verdad sangre, sudor y lágrimas. Pero todo eso, lo sé, son solo tres mil años de equipaje patriarcal incrustado para ti. (pág. 126)
Ya ves por qué me preocupa la destrucción de la tradición. Uno tan fácilmente se esclaviza al momento presente. Todo esto del “Poder del Ahora” es peligroso, si me preguntas. También es arrogante. Miles de años de perspicacia humana, investigación humana, esfuerzo intelectual y espiritual humano, sin mencionar la Revelación Divina, arrojados a los vientos. ¿Y por qué? ¿Porque no estuvo de acuerdo con los Baby Boomers después del "Verano del amor"? (págs. 129-30)

La liturgia tan apreciada por Roche & Co. es (contrariamente a sus afirmaciones repetidas sin sentido sobre la amplitud de la inclusión y la profundidad de las fuentes) asombrosamente provinciana en el tiempo y el espacio, porque refleja las preocupaciones de los liturgistas de mediados del siglo XX de la Europa "ilustrada" de la posguerra, a través de cuyos dispositivos de filtración tenía que pasar cada elemento del ritual y la rúbrica.

Al futuro cardenal, expresamos nuestra modesta y humilde opinión: no queremos este taller autoinculturado indígena/cosmopolita futurista bugniniano. Su primera iteración fracasó, y la moda geriátrica actual de intentar revivir la agenda mimeografiada de los reformadores no solo no logra entusiasmar, sino que provoca náuseas a la mayoría de los que todavía frecuentamos las bancas, estudiamos en seminarios o vamos al altar de Dios, del Dios que da alegría a nuestra juventud. 

martes, 21 de junio de 2022

Corpus Christi, 2022, el África cristiana y la esperanza de la Iglesia.

En Roma, en el Vaticano, la sede de San Pedro, ya no se celebra la procesión del Corpus desde hace 9 años. 

Aquí se recopilan de Twitter manifestaciones de esta celebración especialmente en lugares que en lengua española son poco conocidos. 


El Seminario Memorial Bigard, en Nigeria, con sus 833 seminaristas es quizá el más grande del mundo.
Fuente: Sachin Jose @Sachinettiyil

Procesión de Corpus Christi en un seminario de Malawi.
Fuente: R.P. Petros Mwale, @fr_petros

Otra procesión en Malawi.
Fuente: Sachin Jose @Sachinettiyil

Procesión en Tanzania.
Fuente: Man Kiiza @AltifridK

lunes, 20 de junio de 2022

"Cantad, Cantad, la Patria se Arrodilla", el himno del Congreso Eucarístico Nacional de México de 1924 y su partitura original


El himno de 1924, interpretado por Pedro Infante en la célebre película "El Seminarista" (1949)


La idea de realizar el Primer Congreso Eucarístico Nacional de México nació a principios de los años 20 por iniciativa del cura de Tlalpan, Antonio Sanz Cerrada, inspirado por los Congresos Eucarísticos Internacionales que se originaron en el año 1881. 

El Himno del congreso Eucarístico Internacional de Madrid de 1911 (Cantemos al Amor de los Amores) todavía se escucha con fuerza en México, en procesiones y adoraciones eucarísticas, y es quizá uno de los himnos eucarísticos más populares en lengua española. 

La iniciativa del padre Sanz fue apoyada por la archicofradía de la Vela Perpetua, la Adoración Nocturna y otros movimientos, de modo que el 20 de Marzo de 1923 los obispos mexicanos publicaron el edicto pastoral por el cual se acordaba la celebración del Primer Congreso Eucarístico Nacional, programando su celebración para Febrero de 1924, como presidente de la Comisión Organizadora fue elegido Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, arzobispo de Michoacán, y como vicepresidente Mons. Emeterio Valverde Téllez, obispo de León

De inmediato la A.C.J.M. externó su apoyo al Episcopado, y se dedicó a promover el Congreso, organizando además dar facilidades a los participantes para asistir. Debido a la rebelión militar de Adolfo de la Huerta, el Congreso Nacional no empezó sino hasta el 5 de octubre de 1924, en la Ciudad de México. El éxito del Congreso fue inmenso; hubo conferencias, aplausos, discursos que entusiasmaron a los católicos. El fervor religioso despertado por el Congreso Eucarístico era un gancho al hígado para los anticlericales, y el presidente Obregón lo recibió como un desafío de los católicos, quienes lejos de doblar la cabeza por el incidente del Cubilete (la interrupción y prohibición de su construcción, iniciada en enero de 1923), proclamaban abierta y estruendosamente la Majestad de Cristo.

"El Congreso Eucarístico venía efectuándose con el beneplácito de la sociedad entera, y prueba de ello son las manifestaciones, casi unánimes, que hicieron ostensiblemente los vecinos de México (…) ni en el Centenario de la Independencia Nacional se advirtieron entusiasmo y armonía semejante a la mayor parte de las casas de la metrópoli ostentaron adornos en señal de adhesión al Congreso, y las solemnidades religiosas se vieron tan concurridas que los locales donde se celebraron no podían contener a todas las personas que deseaban asistir a ellas".

Así pues, Obregón extendió un comunicado a Eduardo Delhumeau, Procurador General de la República, denunciando al Congreso y a sus participantes por «violar las Leyes de Reforma, con actos de culto externo», añadiendo que el Ejecutivo estaba obligado a cumplir las leyes, y poco después se impartían sanciones a los empleados públicos que hubieran colocado imágenes en sus casas con motivo del Congreso. Dos años después, en medio de numerosos conflictos estallaría la guerra Cristera. 

Para el acontecimiento se elaboró una preciosa Custodia en plata, de tipo rectangular, con incrustaciones de piedra, un peso de 380 kilos y más de dos metros de alto, que contó para su fabricación con una generosa colecta de patrocinadores y la aportación de los propios fieles. 


La monumental Custodia -considerada uno de los más grandes tesoros de la Catedral de México- siempre ha permanecido en el templo capitalino, exceptuando el año 2000, cuando salió por primera vez a la calle con motivo del Segundo Congreso Eucarístico Nacional. Ella, como destaca el semanario ‘Desde la Fe’, ha sido tabernáculo de la Eucaristía en los momentos más importantes de la historia de México.

El himno oficial se publicó poco antes del congreso, con letra del RP Francisco Javier Zambrano S.J., y música del maestro Salvador Orozco. Las referencias a Jesucristo como Amor divino recuerdan la letra del himno del congreso de Madrid, pero la música empleada tiene un carácter mucho más épico. El himno ha sido orquestado, rearmonizado, y reeditado en numerosas ocasiones. En los últimos tiempos se le ha confundido también con el Himno Guadalupano, e incluso con el himno español. Presentamos aquí la partitura original.

Invitación:
Cantad, cantad, la Patria se arrodilla
al pasar Jesucristo Redentor,
un nuevo Sol para nosotros brilla,
¡Sol del Amor, del Amor!

Coro:
¡Hostia, Sol del Amor, tu luz inflama
el corazón de un México leal,
el corazón del pueblo que te ama, 
el corazón del pueblo que te aclama,
en tu paso, en tu paso triunfal!

Estrofas:
¡Triunfe tu amor, o Sol Sacramentado!
del corazón de un pueblo siempre fiel,
disipa ya las nieblas del pecado,
ven a reinar, ven a reinar en él.

¡Orne tu luz con resplandor divino
de nuestros padres la radiante Fé,
vuelva a buscar la patria su destino
de tu Sagrario, de tu Sagrario al pie!

¡Hostia de paz! La patria atribulada
solo de ti, remedio espera ya:
un rayo de tu luz, una mirada,
Señor, Señor, y vivirá!

Cantad Cantad la Patria se arrodilla, partitura

Cantad cantad la patria se arrodilla partitura

Cantad cantad la patria se arrodilla partitura
cantad cantad la patria se arrodilla partitura

jueves, 16 de junio de 2022

Evelyn Waugh. "Mas de lo mismo por favor". Reflexiones en torno al concilio Vaticano II y a la Reforma Litúrgica

 


The Spectator, 23 de Noviembre de 1962

Es improbable que los políticos del mundo estén siguiendo las sesiones conclusivas del Concilio Vaticano [II] con la atenta mirada con que se siguieron las sesiones de apertura en 1869 [del Vaticano I]. Entonces el balance de poder en Europa era precariamente dependiente de la situación de los Estados Papales en Italia; Francia y Austria directamente, Prusia indirectamente y el reino Piamontés particularmente, estaban involucrados en su futuro. Inclusive la protestante Inglaterra estaba atenta. Gladstone tenía sus propias y personales preocupaciones teológicas y se escribía en forma extraoficial con Lord Acton, pero Lord Clarendon, el Ministro de Relaciones Exteriores y la mayor parte del Gabinete estudiaban los despachos de su agente, Odo Russell (posteriormente editados bajo el título de La Cuestión Romana) y le exigían los más mínimos detalles. Manning fue privadamente dispensado de su voto de secreto de tal modo de poder mantener a Russell informado. La reina Victoria reinaba tanto sobre súbditos Católicos como Anglicanos, una parte de los cuales se mostraban en Irlanda más y más problemáticos.
El Concilio, como es bien sabido, fue interrumpido en dramáticas circunstancias que parecían presagiar un desastre. La historia subsiguiente confirmó sus decisiones. La Comuna de París aniquiló el Galicanismo. El Kulturkampf de Bismarck quitó todo apoyo significativo a los disidentes Teutones. Todo lo que Odo Russell había constantemente predicho tuvo lugar, a pesar de los deseos de los Estadistas europeos.

No es de esperar que las sesiones, reanudadas luego del largo receso y dignificadas por el título de Segundo Concilio Vaticano, tengan la misma directa influencia afuera de la Iglesia. Los diarios se han concentrado en frases tomadas de las alocuciones del Papa, sugiriendo que habría un proyecto de unión de la Cristiandad. La mayor parte de los cristianos, basados en las profecías directas de Nuestro Señor, esperan que esto ocurra en algún momento de la historia. Pocos creen que ese momento sea inminente. La aspiración católica es que, cuánto más se manifieste el verdadero carácter de la Iglesia, más se verán compelidos los disidentes a realizar sus sumisión. No hay posibilidad de que la Iglesia modifique sus doctrinas definidas para atraer a aquellos que las rechazan. Las Iglesias Ortodoxas del Oriente, con las cuales las diferencias doctrinales son pequeñas y técnicas, son más hostiles a Roma que los Protestantes. Para ellos, el saqueo y la ocupación de Constantinopla en la primera mitad del siglo trece –un hecho sin demasiado peso histórico en la estimación occidental–, es un recuerdo tan amargo y vivo como la persecución de Hitler a los judíos. Los milagros son posibles, aunque sea presuntuoso esperarlos; sólo un milagro puede reconciliar al Oriente con Roma.

Con las Iglesias Reformadas, entre las cuales la Iglesia de Inglaterra ocupa una posición única, siendo que la mayor parte de sus miembros creen pertenecer a la Iglesia Católica Occidental, las relaciones sociales son más calurosas pero las diferencias intelectuales son agudas. Un siglo atrás los católicos eran todavía vistos como potenciales traidores, ignorantes, supersticiosos y deshonestos pero había una base común de aceptación de la autoridad de la Sagrada Escritura y la ley moral. Actualmente, he visto a clérigos Anglicanos representativos rehusar su asentimiento a dogmas cristianos tan básicos como el Nacimiento virginal y la Resurrección de Nuestro Señor; en el reciente proceso judicial referente a El Amante de Lady Chatterley, dos eminentes teólogos Anglicanos, uno de ellos un obispo, dieron testimonio a favor de la defensa en los términos más imprudentes. Otro dignatario Anglicano ha dado su aprobación al régimen que está intentando extirpar el Cristianismo de China. Otros han opinado que un hombre que se crea amenazado por una muerte dolorosa puede recurrir al suicidio. Aberraciones como estas, antes que diferencias en la interpretación de la teoría agustiniana de la gracia, son las verdaderas piedras de tropiezo en la comprensión mutua.

Es posible que el Concilio anuncie una definición de la communicatio in sacris con miembros de otras comunidades religiosas, hasta ahora prohibida a los Católicos. Algunas diócesis tienen una praxis rigurosa, otras una más laxa. No hay una norma universal, por ejemplo, en lo concerniente a la celebración de matrimonios mixtos. Por otro lado, se dice que algunos sacerdotes franceses, en un exceso de irenismo, cometen la imprudencia, si no el sacrilegio, de  administrar la Comunión a los no Católicos, hecho que no puede sino ser reprobado. La cordialidad personal dispensada por el Papa a los Protestantes puede muy bien ser el preludio de un incentivo oficial a la cooperación en actividades sociales y humanitarias lo que podría quitar la aspereza de una condenación de la comunión en los sacramentos. 

Es improbable que se plantee la cuestión de la Órdenes Anglicanas, pero vale la pena hacer notar que las condiciones han cambiado desde la condena de su validez.
En ese momento la cuestión fue juzgada desde el punto de vista de la evidencia histórica del establecimiento de la Reforma. Pero desde entonces ha habido contubernios con episcopi vagantes, holandeses, jansenistas, y obispos orientales heterodoxos, con el resultado de que una proporción incalculable de clero Anglicano puede de hecho tener el orden presbiteral. Ellos podrán producir árboles genealógicos apostólicos individuales pero el resultado no tiene mayor interés en comparación con los mucho más numerosos cuerpos protestantes hacia los cuales la paternal benevolencia del Papa igualmente se dirige.

Un católico cree que todo lo que se decrete en el Concilio afectará en última instancia a la entera raza humana, pero que sus propósitos inmediatos son domésticos –la puesta en orden de la casa toscamente perturbada en 1870. Hay muchas cuestiones de gran importancia en lo que respecta a la constitución de la Iglesia que no afectan directamente al laico católico ordinario –la demarcación de las diócesis, la jurisdicción de los obispos, la puesta al día de las prerrogativas de las antiguas órdenes religiosas, los cambios necesarios en los seminarios para volverlos más atractivos y eficientes, la adaptación de los países de misión a su nuevo status nacional, y así siguiendo. Todo esto puede ser puede ser con seguridad dejado en manos de los Padres del Concilio. Pero en la recepción preliminar del proyecto del Concilio en los tres últimos años ha habido una insistente nota acerca de que la “Voz del Laicado” debe ser más claramente escuchada; esa voz, tal como ha sido audible el norte de Europa y en los Estados Unidos, ha sido en su mayor parte la de la minoría que reclama reformas radicales. Me parece posible que muchos de los Padres, cualesquiera que sean sus predicciones, tengan la desagradable sensación de que hay un poderoso cuerpo de laicos urgiéndolos a tomar decisiones, de hecho lejanas del mayoritario, mas silencioso, cuerpo de los fieles.

No hablo en nombre de nadie sino por mí mismo, pero me parece que represento al católico inglés típico. El hecho de que yo haya sido criado en otra sociedad religiosa no me resulta embarazoso en lo más mínimo. He sido católico durante treinta y dos de los que técnicamente llaman mis “años de la razón”; más tiempo, pienso, que muchos de los “progresistas”. Más aún: pienso que una gran proporción de los Católicos Europeos, a pesar de sus bautismos y primeras comuniones, son de hecho “conversos” en el sentido de que el momento de la íntima decisión acerca de aceptar o rechazar las afirmaciones de la Iglesia se les presentó en algún momento de la adolescencia o de la juventud.
Pienso que soy un representante típico de ese estamento medio de la Iglesia, lejano de sus líderes, pero más lejano aún de sus santos; distinto también de los personajes perplejos, desafiantes y desesperados que notoriamente aparecen en la ficción y el teatro contemporáneos. No tomamos casi parte, excepto cuando nuestros intereses personales son avivados, en la vida pública de la Iglesia, en sus innumerables instituciones piadosas y de benevolencia. Afirmamos el Credo, tratamos de observar la ley moral, asistimos a Misa en días de precepto y echamos frecuentemente un vistazo a las traducciones vernáculas del latín, contribuimos al sostenimiento del clero. Raras veces tenemos algún contacto directo con la jerarquía. Afrontamos dificultades para educar a nuestros hijos en la fe. Esperamos morir fortificados por los Sacramentos. En toda época hemos formado el cuerpo principal de ‘los creyentes’, y creemos que fue para nosotros, así como para los santos y los pecadores notorios que la Iglesia fue fundada. ¿Es nuestra voz la que los Padres Conciliares están preocupados por escuchar?


Hay tres cuestiones referidas a su autoridad que a veces suscitan nuestra atención.
Una es la Index de libros prohibidos. Me han dicho que su promulgación depende de la discreción del obispo diocesano. Ignoro si ha sido promulgado en mi diócesis. No es nada fácil conseguir una copia. Cuando uno la encuentra, se topa con algo muy aburrido, en su mayor parte consistente en panfletos y tesis de controversias olvidadas. No incluye la mayor parte de las tesis antropológicas, marxistas y psicológicas que, leídas en forma no crítica pueden poner en peligro la fe y la moral. No incluye, como popularmente se cree, absurdidades como Alicia en el país de las maravillas. Hay algunas pocas obras, como los Ensayos de Addison que uno esperaría encontrar en cualquier hogar respetable y varias de lectura obligatoria en las universidades, pero en general no es un documento conflictivo. La presencia de Sartre en la lista proporciona una excusa conveniente para no leerlo. Pero es  una evidente anomalía preservar un acto legal que es generalmente pasado por alto. Pienso que la mayor parte de los laicos estarían contentos si los Padres del Concilio considerasen si el Index tiene algún sentido en el mundo moderno; si no sería mejor dar una advertencia general acerca de las lecturas peligrosas y permitir a los confesores decidir en los casos particulares, mientras se retiene la censura particular sobre libros técnicos de teología que puedan ser tomados por enseñanza ortodoxa. 
Una segunda cuestión es la de los procesos de los tribunales eclesiásticos. La mayor parte de los laicos pasan la mayor parte de sus vidas sin verse involucrados con ellos, del mismo modo en que viven sin tener nada que ver con procesos judiciales. Sin embargo los casos de nulidades matrimoniales se están volviendo más comunes, y las grandes demoras resultantes de las congestiones de las cortes y de sus laboriosos métodos causan mucha irritación y frecuentemente gran sufrimiento. El laico no cuestiona la autoridad de la ley o la justicia de las decisiones; simplemente se trata de que cuando él se encuentra en duda, debería conocer en un tiempo razonable su verdadero status legal.
En tercer lugar, sería conveniente conocer los límites de la autoridad personal del obispo sobre el laicado. No se han hecho votos de obediencia. No ocurre en Inglaterra, pero es frecuente en otras partes del mundo ver una proclama ordenando a los fieles “bajo pena de pecado mortal” votar en una elección parlamentaria o abstenerse de ciertos entretenimientos. ¿Tienen realmente nuestros obispos el derecho de lanzar amenazas de condenación eterna de esta manera?

A medida que los meses pasan y el Concilio se ve abocado a su labor principal, es muy probable que la prensa preste menos atención de la que le brindó en su espectacular apertura. Las cuestiones a discutir son materia de especulación para todos los que están afuera del círculo íntimo pero hay un persistente rumor de que se realizarán cambios en la liturgia. Hace poco escuché el sermón de un entusiasta neopresbítero quien habló, probablemente aludiendo a la infeliz frase de MacMillan con relación al África, de un “gran viento” que está a punto de soplar, barriendo las irrelevantes acrecencias de los siglos y que revelará a la Misa en su prístina y apostólica simplicidad. Mientras tanto yo miraba su congregación, compuesta por parroquianos de un pequeño pueblo rural, del cual me considero un miembro típico, y pensaba en cuán poco se correspondían sus aspiraciones con las nuestras.
Ciertamente ninguno de nosotros tenía intenciones de usurpar su púlpito. Hay especulaciones entre teólogos laicos del  norte de Europa y de los Estados Unidos. Ciertamente una cantidad de expertos han profundizado en la teología y son libres de expresar sus opiniones pero no conozco ninguno cuyo juicio yo preferiría al del más simple párroco. Las mentes más agudas podrán explorar los problemas verbales más sutiles, pero la verdad está más pronta a aparecer en la larga rutina del seminario y en una vida transcurrida entre los Oficios de la Iglesia. Es digno de mención que en los dos períodos en que los laicos tuvieron la parte más activa en la controversia teológica, aquellos de Pascal y Acton, ellos estuvieron equivocados.

Menos todavía aspiramos a usurpar su lugar en el altar. “El sacerdocio de los fieles” es una engañosa frase de esta década, abominable para todos aquellos que nos la hemos topado. No pretendemos ninguna igualdad con nuestros sacerdotes cuyos defectos personales y miserias (cuando existen) sirven sólo para enfatizar el misterio de su llamado único. Cualquier cosa en lo que respecta a indumentaria o maneras o hábitos sociales que tienda a camuflar dicho misterio es algo que nos aleja de las fuentes de la devoción. El fracaso de los “sacerdotes obreros franceses” todavía está fresco en nuestra memoria. Un hombre que envidia de otro una posición más alta y especial está muy lejos de ser un cristiano.

Mientras la Misa continuaba de la manera habitual me pregunté cuántos de nosotros deseábamos ver algún cambio. La Iglesia era más bien oscura. El sacerdote se encontraba bastante lejos. Su voz no era clara y el lenguaje que utilizaba no era el de todos los días. Ésta era Misa por cuya restauración los mártires Isabelinos habían ido al cadalso. San Agustín, Santo Tomás Becket, Santo Tomás Moro, Challoner y Newman hubiesen estado a gusto entre nosotros; de hecho, estaban presentes entre nosotros. Posiblemente pocos de nosotros lo estuviésemos conscientemente considerando, pero su presencia y la de todos los santos nos sustentaba silenciosamente. Su presencia no hubiese sido más palpable si hubiésemos hecho las respuestas en voz alta al modo moderno.
Creo que no es por una mera confusión etimológica que la mayoría de los anglo-parlantes creemos que ‘venerable’ significa ‘viejo’. Hay en el corazón humano una conexión profunda entre adoración y edad. Pero la nueva moda se inclina por algo brillante, estentóreo y práctico. Ha sido establecida por una extraña alianza entre los arqueólogos absorbidos en sus especulaciones acerca de los ritos del siglo segundo, y los modernistas que desean dar a la Iglesia el carácter de nuestra deplorable época. Combinando ambas cosas, se llaman a sí mismos “liturgistas”.

El difunto dominico francés Couturier, estaba siempre pronto a solicitar los servicios de los ateos para diseñar ayudas para la devoción; el resultado es que las iglesias que él inspiró son más frecuentadas por turistas que por creyentes. En Vence hay una famosa pequeña capilla diseñada por Matisse en su vejez. Siempre está llena de turistas y las religiosas que la atienden están orgullosas de ella. Pero las estaciones del Via Crucis, garabateadas en una única pared están de tal modo dispuestas que es apenas posible rezar el ejercicio tradicional delante de él. Las hermanas a cargo tratan de evitar que los visitantes parloteen, pero de hecho no hay nadie a quien molestar; en las ocasiones en que he estado allí no he visto a nadie rezando, como uno frecuentemente encuentra en simples iglesias decoradas con yeso y oropel.

La nueva catedral Católica en Liverpool es de planta circular. La concurrencia debe ubicarse en gradas como si fuera un quirófano abierto al público. Si levantan los ojos se miran unos a otros. Las espaldas son frecuentemente distractivas; las caras lo son más. La intención es ubicar a todos lo más cerca posible del altar. Me pregunto si el arquitecto ha estudiado el modo en que la gente se ubica en una misa parroquial normal. En todas las iglesias que conozco, los primeros bancos son los últimos en completarse.
En los últimos años hemos experimentado el triunfo de los “liturgistas” en la reforma de la Semana Santa. Durante siglos estos ritos han sido enriquecidos por devociones muy caras a los fieles –la anticipación del oficio matutino de Tinieblas, la vigilia en el Altar del Monumento, la Misa de Presantificados. No se trata de cómo los cristianos del siglo segundo celebraban la Pascua. Se trata del crecimiento orgánico de las necesidades del pueblo. No todos los Católicos podían asistir a todos los oficios, pero cientos lo hacían, yéndose a vivir a o cerca de casas monásticas y realizando un retiro anual que comenzaba con el Oficio de Tinieblas en la tarde del Miércoles Santo y culminaba cerca del mediodía del Sábado Santo con la Misa Pascual anticipada. Durante estos tres días el tiempo estaba convenientemente distribuido entre los ritos de la Iglesia y las predicaciones del sacerdote a cargo del retiro, con pocas ocasiones para las distracciones. Ahora nada ocurre antes de la tarde del Jueves Santo. Toda la mañana del Viernes Santo está vacía. Hay una hora aproximadamente en la iglesia el Viernes por la tarde. Todo el Sábado está en blanco hasta la noche tarde. La Misa Pascual es cantada a la medianoche ante una cansada feligresía que es obligada a “renovar sus votos bautismales” en lengua vernácula para luego irse a la cama. El significado de la Pascua como una fiesta de la aurora ha sido olvidado, como lo ha sido el de la Navidad como Nochebuena. He notado en el monasterio que frecuento una marcada caída en el número de ejercitantes desde las innovaciones, o como los liturgistas preferirían llamarlas, restauraciones. Puede muy bien ser que estos servicios se encuentren más próximos a las prácticas de la primitiva Cristiandad, pero la Iglesia disfruta del desarrollo del dogma; ¿por qué no se le concede entonces el desarrollo de la liturgia? 


Hay un partido dentro de la jerarquía que desea realizar superficiales pero sorprendentes cambios en la Misa para hacerla más ampliamente inteligible. La naturaleza de la Misa es tan profundamente misteriosa que los más agudos y santos hombres están continuamente descubriendo ulteriores matices de significación. No es una peculiaridad de la Iglesia Romana que mucho de lo que ocurre en el altar es en diversos grados oscuro a la mayor parte de los creyentes. Es de hecho, la marca de todas las Iglesias históricas apostólicas. En algunas la liturgia se celebra en una lengua muerta como el Ge’ez  o el Siríaco; en otras en griego Bizantino o Paleoeslavo, que difieren mucho de la lengua hablada comúnmente. 
La cuestión del uso de la lengua vernácula ha sido debatida hasta que realmente no queda nada nuevo por decir. En diócesis como por ejemplo algunas de Asia y África donde se hablan media docena o más de lenguas diferentes, la traducción es casi imposible. Aún en Inglaterra y los Estados Unidos donde en gran medida el mismo idioma es hablado por todos, las dificultades son enormes. Hay coloquialismos que, aunque suficientemente inteligibles, de hecho son bárbaros y absurdos. El idioma vernáculo puede ser ya preciso y prosaico, en cuyo caso adquiere el pomposo estilo de un funcionario burocrático, o bien poético y eufónico, en cuyo caso tiende al arcaísmo y se vuelve menos inteligible. La versión King James de la Biblia no fue escrita en la lengua corrientemente hablada en la época, sino en la de un siglo antes. Mons. Ronald Knox, un maestro de la lengua, intentó plasmar en su traducción de la Vulgata un “inglés atemporal”, mas su realización no ha sido universalmente bien recibida. Pienso que es altamente dudoso que el feligrés medio necesite o desee tener comprensión intelectual y verbal completa de todo lo que se dice. Simplemente concurre a la liturgia a adorar, con frecuencia en forma silenciosa y efectiva. En la mayor parte de las Iglesias históricas el acto de la consagración tiene lugar detrás de cortinas o puertas. La idea de apiñarse en torno del sacerdote y observar todo lo que hace les es completamente extraña. No puede ser una pura coincidencia que cuerpos tan independientes unos de otros se hayan desarrollado del mismo modo. El temor reverencial es la predisposición natural para la oración. Cuando los teólogos jóvenes hablan de la Sagrada Comunión como de una ‘comida social’, hallan poca respuesta en los corazones y en las mentes de sus menos refinados hermanos.
No hay dudas de que existen ciertas mentes clericales a las cuales el comportamiento de los laicos en la Misa les parece chocantemente anárquico. Nos reunimos obedeciendo a la ley de la Iglesia. Los sacerdotes desempeñan su función en exacta conformidad con la regla. Pero nosotros, ¿qué hacemos? Algunos estamos siguiendo el misal, pasando exactamente las páginas buscando introitos y colectas extra, diciendo silenciosamente todo lo que los liturgistas quisieran que dijésemos en voz alta y al unísono. Otros están rezando el Rosario. Algunos están luchando con niños inquietos. Otros están arrobados en oración. Algunos están pensando en cualquier cosa hasta que reciben el llamado de atención de la campanilla. No hay uniformidad aparente. Sólo en el Cielo seremos reconocibles como el cuerpo unido que somos. Es fácil ver por qué algunos clérigos quisieran que mostrásemos más conciencia unos de otros, más evidencia de estar tomando parte en una ‘actividad grupal social’. Idealmente tienen razón pero ello significa presuponer una vida espiritual privada mucho más profunda de la que la mayor parte de nosotros ha alcanzado.
Si nos apartáramos de largas horas de meditación y oración solitaria, como los monjes y las monjas, para una ocasional incursión de solidaridad social en la recitación pública del oficio, estaríamos sin duda realizando la plena vida cristiana a la que estamos llamados. Pero ese no es el caso. La mayor parte de nosotros, creo, realizamos nuestras oraciones matutinas y vespertinas en forma maquinal y abreviada. El tiempo que pasamos en la Iglesia –más bien poco, es el que separamos para renovar a nuestra modo nuestros negligentes contactos con Dios. No es como debería ser, pero es, pienso, como ha sido siempre para la mayor parte de nosotros, y la Iglesia, sabia y caritativamente, siempre ha cuidado de los de segunda clase. Si la Misa es cambiada de tal modo de enfatizar su carácter social, muchas almas se encontrarán alejadas de su verdadera meta. El peligro es que los Padres Conciliares, en razón de su profunda piedad personal y porque han sido llevados a pensar que hay un fuerte deseo de cambio por parte del laicado, aconsejen cambios que se revelarán frustrantes para los menos piadosos y menos elocuentes.
Podrá parecer absurdo hablar de “peligros” en el Concilio cuando todos los católicos creen que todo lo que se decida en el Vaticano será la voluntad de Dios. Mas pertenece a la naturaleza sacramental de la Iglesia el que los fines sobrenaturales se alcancen por medios humanos. La interrelación entre lo espiritual y lo material es la esencia de la Encarnación. Usando una comparación inferior, la “inspiración” de un artista no es un proceso de aceptación pasiva de un dictado. Abocado a su trabajo, realiza falsas partidas y se ve forzado a comenzar de nuevo; se ve impelido en cierta dirección, y la sigue alegremente hasta que toma conciencia de que se ha alejado de su verdadero curso; nuevos descubrimientos vienen a su mente mientras está luchando con otro problema; de ese modo, por ensayo y error, es consumada una obra de arte. Lo mismo pasa con las decisiones inspiradas de la Iglesia. No son reveladas por una súbita y clara voz proveniente del Cielo. Los argumentos humanos son los medios por medio de los cuales la verdad eventualmente emerge. No es para nada impertinente susurrar otro argumento humano en medio de las elevadas deliberaciones.

lunes, 13 de diciembre de 2021

A Nuestra Señora de Guadalupe

El sábado 11 de Diciembre, vísperas de la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe (que sólo en México podrá celebrarse por la preeminencia del tercer domingo de Adviento), el Card. Raymond Leo Burke ha celebrado pontificalmente una misa votiva en acción de gracias por su recuperación, en el santuario diocesano dedicado a Ella en La Crosse, Wisconsin. 








lunes, 2 de agosto de 2021

Se trata de violencia. Arzobispo Thomas E. Gullickson

A raíz de la cancelación (por parte del Card. Gregory) de una Misa Pontifical en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington, que se iba a celebrar el 14 de agosto de 2021, el arzobispo Thomas Edward Gullickson, ex nuncio de la Santa Sede ante varias naciones, (más recientemente, Suiza) escribió las siguientes dos notas en su blog personal:

28 de Julio. Una breve reflexión sobre el rechazo y el conflicto. 


El Paulus Institute hizo una declaración mesurada sobre su decepción por la prohibición del Cardenal de celebrar nuestra Misa de Vigilia de la Asunción planeada en el Santuario Nacional de nuestro país. Hicieron bien y su declaración se ajusta a los requisitos. Mi propia decepción por este desplante burocrático frente a los mejores esfuerzos de la gente buena no tiene importancia real. No me veo a mí mismo como un hombre con una misión que, de alguna manera, está bloqueado por quien sea. Me hubiera encantado disfrutar de esta reunión de gente creyente y buena en la casa de María en Washington. No será posible. Para mí, personalmente, eso lo resume todo.

Como tal, no tengo nada que decir más allá de la declaración del Paulus Institute, pero mientras reflexiono sobre esta imagen de la procesión de Corpus Christi en la Conferencia de Teología Sagrada en junio en Spokane, me pregunto por qué algunos están tan absortos en tratar de " esparcir las ovejas": Quare fremuerunt gentes... ¿Por qué alguien que pretende ser de la Iglesia de Cristo arremete contra los corderos?

En su artículo del NY Times de ayer, [versión en español aquí] Ross Douthat parece pensar que quienes, en cuanto al motu proprio, pronostican el "éxito" de este último intento de supresión de la misa antigua, no tienen todas presentes todas las variables, lo que hace que nuestro mundo sea diferente al de Francia en 1848. Creo que él sabe de qué se trata.

Se acerca otro día. ¡Ten ánimo, pequeño rebaño!


1 de Agosto. Se trata de violencia
En mi publicación del otro día, reflexioné sobre la cancelación sumaria por parte del Cardenal Arzobispo de Washington, DC, de una gran Misa Pontifical planeada desde hace mucho tiempo para la Vigilia de la Asunción el 14 de agosto, en el Santuario Nacional. Afirmó hacerlo ejerciendo su autoridad ordinaria en respuesta a Traditionis custodes, el motu proprio del Papa contra la Misa tradicional en latín, cada vez más frecuentemente apodada UA (Usus Antiquior). Mientras tanto, se ha hecho público que el Cardenal también rechazó la solicitud del Paulus Institute de que reconsidere su acción.

En mi artículo anterior, mencioné el comentario de Ross Douthat en un artículo del NYT, sobre otro autor que escribía a favor de la estrategia de Traditionis custodes, quien afirmaba que aún hoy debería ser posible revolucionar la sociedad y la Iglesia según el patrón de las sucesivas etapas de la Revolución Francesa. Debo estar de acuerdo con Douthat y sostener que lo que sucedió en 1848 en Francia para consolidar los supuestos logros del "Régimen del Terror" no representa un universal y no puede simplemente aplicarse como se describe en nuestro contexto histórico, ciertamente no tantos años después y en el escenario mundial. Además, ¿quién en su sano juicio se esforzaría por una revolución como la francesa dentro de la Iglesia católica? No parece haber ningún precedente católico del uso de la guillotina para lograr una reforma eclesiástica genuina.

Douthat expresó un claro escepticismo con respecto a la tesis de su colega de que el presente motu proprio, al igual que en 1848 en Francia, podría lograr lo que ninguna cantidad de violencia en la década de 1970 pudo lograr en su intento de erradicar el patrimonio litúrgico atemporal de la Iglesia romana. Parte del argumento de Douthat, al menos, era que el principio jerárquico se ha visto tan socavado en los últimos 30-40 años que una legislación como Traditionis custodes, aparte de sus muchos defectos, está "más muerta en el agua" que Veterum sapientia en 1962.

A pesar del comentario incisivo de Douthat, la situación sigue siendo tremendamente preocupante para mí. Esto no es una tempestad en una tetera. Solo necesitamos echar un vistazo más de cerca desde el lado político aquí en los Estados Unidos a lo que la izquierda radical parece estar logrando al socavar a la familia. La gente no está convencida ni seducida por la propaganda distópica de la izquierda, no, más bien los pequeños están siendo intimidados por las amenazas y la violencia, con demasiada frecuencia apoyados por burócratas e incluso funcionarios electos a nivel municipal, estatal y federal. Están siendo victimizados y las cosas simplemente están siendo demolidas, basta. Todo es muy triste.

¿Qué ha provocado esta violencia hoy en la Iglesia? Es el mismo odio profundamente arraigado a la Fe Apostólica que estaba en funcionamiento en los años 1960-70 y que aún perdura entre una vieja guardia cada vez menor y sus reclutas despistados. Parecen haber absorbido ese mismo odio, que "destruyó" iglesias y quemó libros y vestimentas, sin respeto por la devoción de una generación que ahora ha ido en su mayoría a su recompensa eterna.

Este tipo de violencia no puede enfrentarse con la contraviolencia, sino con la firme adhesión a la verdad y el amor de la Misa Antigua que ha capturado el amor y la imaginación de no pocos jóvenes de nuestro tiempo. Los revolucionarios, los violentos están pateando contra el aguijón, por así decirlo.

Cuando éramos niños, uno de los principales argumentos de mi madre contra los hermanos menores que lanzaban rabietas era decirles que se miraran en el espejo y se cubrieran de vergüenza por su fealdad. Era un argumento propio de una niña, una llamada muy simple a la introspección, basada en una convicción fundamental sobre la bondad de esa niña que se paró ante ella pateando sus pequeños pies. Es un diálogo sin mucha sofisticación, pero lleno de amor. En algún momento, el furor y las críticas contra nosotros y el usus antiquior disminuirán o se detendrán por completo. Tiene que ser así, porque tenemos un mundo que reclamar para Cristo. Todo lo demás es menos que paja.

PROPERANTES ADVENTUM DIEI DEI     [2 Pe, 3:12 preparando la venida del Día de Dios]
Thomas Guillickson